NTC … Nos Topamos Con …

mayo 13, 2011

El Álvaro Burgos que conocí. Por Medardo Arias Satizábal. Mayo 13, 2011

Filed under: General — ntcboletin @ 12:19 pm

Publica y difunde: NTC …* Nos Topamos Con

http://ntcblog.­blogspot.com/ *, ntcgra@gmail.com . Cali, Colombia,

* Actualizado a Mayo 13, 2011.

Continuación de:

Álvaro Burgos falleció en la madrugada de hoy, Mayo 12, 2011. Nuestra solidaridad …

http://ntcpoesia.blogspot.com/2011_05_12_archive.html

El Álvaro Burgos que conocí

Era ciclista, cantor y bailarín

Por Medardo Arias Satizabal (Especial para EL PAIS)

Agradecemos al poeta Medardo el envío (13 de mayo de 2011, 05:50) de su bello y evocador texto y la autorización para publicarlo. Este texto se publicó en El País, Cali, Mayo 13, 2011, http://www.elpais.com.co/elpais/edicion_impresa/dd40ddfed9955a879cc3801fa2b1da55/elpais-Mayo-13-de-2011.php pág C2, impreso y virtual. (A la izquierda, fragmento de la página impresa. (Click sobre las imágenes para ampliarlas y hacerlas legibles. Click en “Atrás” en la barra para regresar al aquí)

.

Pasó la mano por las ruedas de las bicicletas, empotradas en bases firmes, para verlas girar; eran sus juguetes favoritos. Dos bicis europeas -una Bianchi Campagnolo y otra Peaugeot- con las que había coronado en otros tiempos las metas de Estambul, Jamundí yla RectaPalmira.Creo, había ido hasta Popayán, en ellas, y lo creíamos, pues Alvarito tenía un corazón ancho, con un fuelle que le permitía no sólo correr como fondista, sino “entrenar” como un piloto de carreras, cada que iba a escribir una columna, una crónica, un poema, o a iniciar una novela.

“!Súbete poeta!”, dijo animado en la terraza de su casa; había recibido ya el trasplante de riñón, y quería que pedaleáramos, codo a codo, en esas bicicletas ahora estáticas. Debí estar 20 minutos ahí y descendí sudoroso, con el corazón a mil, mientras él avanzó por cuarenta minutos más, con el ojo puesto en el reloj, y bajó del galápago como quien corona el Alpe d´ Huez en el Tour de Francia.

Habíamos tenido unos años 80 y parte de los 90, febriles; habíamos compartido fiestas, amores, aventuras, trasteos. Una de las experiencias más fabulosas era acompañarlo a un nuevo trasteo, en el cual indefectiblemente, debíamos cargar cajas y cajas de libros en pequeños edificios sin ascensor, circunstancias en las que aparecían poemas perdidos, originales de algún cuento, preciosos grabados y originales de pintores colombianos, óleos en los que brillaban las firmas de Edgard Negret, Cecilia Coronel, Lucy Tejada, Omar Rayo.

Nacido en Bogotá en 1945, conservaba las formas corteses de los viejos santafereños anteriores al 9 de abril. Se esmeraba en el bien decir y el bien obrar, y mostraba con orgullo una callosidad encima del hombro, fruto de sus duras jornadas como carguero dela SemanaSantade Popayán. “Nunca la pedí -decía- aunque un día estuve a punto de explotar frente a Santo Domingo…”, pedirla, en buen payanés, es “rajarse” en el carguío, pedir que alguien venga a reemplazarte, y es una de las peores cosas que puede ocurrirle a un varón blasonado de tosudez y entereza en esas procesiones.

Conservaba su diploma de bachiller del ColegioLa Sallede Bogotá, y colmaba de elogios a los Hermanos Maristas. Le gustaba saber que era el mismo colegio donde se había graduado Carlos Lleras Restrepo.

Llegábamos a Popayán como a casa propia; era payanés honorario. Ascendiendo por la calle deLa Pamba, nos deteníamos en las puertas, y Álvaro ponía sus nudillos en esa vieja madera de roble para saludar como si fuera un soldado del Lacio: “¡Pax Vobis!”, (la paz sea contigo) exclamaba, como si se convirtiera de pronto en un personaje del Siglo de Oro, como extraído de un sainete de Tirso de Molina. Desde adentro, desde los patios iluminados donde todavía se sienta Cervantes debajo de un ciruelo, venían los abrazos como cascadas. Era propio de ahí, comola Torredel Reloj o el Parque Caldas.

La cocina como metáfora

 

Al igual que Alejandro Obregón, que pretendía hacer un sancocho trifásico que se pareciera, al menos en el color, a una de sus obras, Álvaro entraba en la cocina, convencido de que ésta no es más que una puesta en escena para las palabras. Sabía sazonar varios platos, pero el cimero, el del aplauso, era un pescado gratinado al que solía dorar inicialmente en aceite de oliva. El pescado era un pretexto para citar a Álvaro Mutis, a Jorge Gaitán Durán. Tantas veces le oí decir: “Y si una mujer espera, con sus blancos y espesos muslos abiertos, como las ramas de un florido písamo centenario/ entonces el poema llega a su fin/ ya no tiene sentido su monótono treno…” O, mientras picaba cebolla y apuraba un vino, “sé que estoy vivo en este bello día acostado contigo…es el verano/ acaloradas frutas en tu mano/ vierten su espeso olor al mediodía./ Siento el sudor ligero de la siesta/ bebemos vino rojo./ Esta es la fiesta en que más recordamos a la muerte…”

O el poema que escribió enamorado de una joven de 20 años, cuando él ya avanzaba en los 40: “Tú la que congregas las aguas/ la que escoge arenas como disponiendo un lecho/ la que hila cadáveres de mariposas/ la mujer exacta para guardar con ella los cofres de la memoria…”

En sus últimos días, añoraba el tiempo en que fue hasta Chile en un pequeño Zastava blanco, bordeando la cordillera. Había visitado también Argentina, el pueblo de Santos Lugares, donde vivía su amigo epistolar, Ernesto Sábato. Sólo con las cartas que le enviaba el autor de “El Túnel”, y muchos textos dispersos, podría armarse hoy un gran libro póstumo en homenaje a este caballero del siglo XVIII, extraviado hace tanto tiempo en Cali.

La evocación de Santos Lugares, la memoria viva de un lugar en Buenos Aires llamado “El Palacio dela PapaFrita”, donde había probado la carne más sápida y jugosa de la tierra, y la canción “Si vas para Chile”, lo ponían siempre al borde de las lágrimas. Una buena reunión de amigos, bastaba para que entonara “si vas para Chile, te ruego que pases por donde vive mi amada/ es una casita muy linda y chiquita/ que está en la falda de un cerro enclavada./ El pueblito se llama Las Condes/ y está junto a los cerros y el cielo…” Álvaro cantaba bien y bailaba mejor; le fascinaba el Son cubano, el del ayer, y aun enfermo sentía cosquillas en los pies, cuando escuchaba la melodía “Hoy la rumba”, del Trío Matamoros. Una noche que aún recuerda mi madre, porque el eco llegaba hasta su habitación, escuchamos 36 veces “Niebla del Riachuelo”, una tras otra, en varias versiones, y culminamos con la de Bebo y Cigala, ya al filo de las cuatro de la madrugada.

Bohemio, feliz, desmesurado, consciente de su talento, hizo templar dos hamacas en su casa del barrio El Bosque, para que habláramos sin cesar, por incontables horas, de lo divino y lo humano. El diálogo se prolongaba de hamaca a hamaca, hasta que, en medio de la lluvia, y con unos cauchos amarrados a la motocicleta, aparecía la guarnición que nos redimiría del hambre y la gula, una costumbre adquirida en tiempos de los turnos de queda: el mensajero de “Los tres amigos”, un restaurantillo del arrabal caleño que anuncia en la tapa de la caja, “servicio las 24 horas”, con un cocinerito que guiña el ojo, llegaba trayéndonos una chuleta redentora, o una sobrebarriga dormida en una cuna de salsa y maduros asados.

Tuve la fortuna de vivir muy cerca de su casa, en sus últimos días, de comentar noticias, libros, películas. Antes del trasplante, su vida transcurría en medio de dolorosas diálisis. “Burgos Palacios…nacido en Bogotá…63 años…”, repetía hace tres, un paramédico en su habitación, mientras alistaba la camilla para llevarlo de regreso al hospital. Lo vi descender de pronto, llevado por los camilleros, escaleras abajo, repitiendo un poema mezclado con el delirio. Siempre quise que viniéramos juntos a Salamanca, a Nueva York, a Nueva Inglaterra, y me había prometido estar ahí en algún momento. “Llévenme a Nueva York”, decía a los camilleros…”a Nueva York donde está el poeta…” lo escuchaba desde el balcón, con el corazón apretado, pues no sabía si lo volvería a ver.

La vida, la más de las veces, es tener con quien hablar. Extrañar es poco para referirme a Álvaro Burgos Palacios, inventor dela Cofradíade los “y Sojos”, el club de la entrañable amistad, en el que cabían Adolfo Vera Delgado, Ana Milena Puerta, Hernando Socarras, Beatriz López, Hernando Revelo, Jorge Arturo Sanclemente, Omar Rayo, Fabio Ibarra Valdivia, Isabella Prieto Bernardi, Aymer Álvarez, “Chío” Martins. Sin duda, un ser humano irrepetible, devorador de libros, enamorado de las liturgias más sencillas y significantes de la vida.

—–

(Click sobre las imágenes para ampliarlas y hacerlas legibles. Click en “Atrás” en la barra para regresar al aquí)

En la primera página de El País, Mayo 13, 2011

.

La página C2 de El País, Mayo 13, 2011.

En la primera página de El País, Mayo 13, 2011

La página A3 de El País, Mayo 13, 2011.

Las exequias se llevan a cabo el jueves (Mayo 12) en la funeraria In Memoriam, ubicada en la Calle 5, enseguida de la Iglesia San Fernando Rey, en el sur de Cali, donde el viernes (mayo 13) a las 2:00 p. m. se dará una misa por su descanso y luego la conducción al Cementerio Metropolitano del Sur.

.

La página C3 de El País, Mayo 13, 2011.

.

+++++++++++++++

Álvaro Burgos Palacios. Bogotá, 1945 – Cali, Mayo 12, 2011.

Esta fotografía ( 18 de Febrero, 2010 ) : María Isabel Casas R. , de NTC  …

Álvaro Burgos falleció en la madrugada de hoy, Mayo 12, 2011. Nuestra solidaridad …

http://ntcpoesia.blogspot.com/2011_05_12_archive.html

+++++

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.